por Huffman Rethro ~ este artículo me valió una muy buena nota en Formación Nacional, una materia que tenemos en la Preparatoria de Idiomas. A mi mucho no me gusta como nunca me gustó nada que haya escrito yo mismo. Opinen ustedes.

En esa imagen está el argentino. El argentino parado sobre una pila de libros, queriendo ser más de lo que es, no conformándose con el suelo, el suelo que es el lugar que le corresponde, 3.000 páginas más abajo.
Pose canchera, sonríe al resto alegrándose de haber llegado por fin a esa anhelada cima, sin darse cuenta de que todo lo que consiguió es la burla del vecino, que ya notó que esa cima es tramposa y solo existe en la necesidad de llamar la atención que se genera en la mente de aquel hombre.
Creo que el argentino se agrande por haber estado siempre sintiéndose poco. Da la impresión de que estamos olvidados, en esa punta tan lejana y fría que nos tocó del planeta.
Porque nadie habla de Argentina. Nadie conoce el obelisco. Nadie escucha al Flaco. Nadie baila Tango. Nadie lee el Martin Fierro. Nadie conoce a Susana Gimenez. Nadie come empanadas ni toma mate. Allá afuera, no somos. O, tal vez, no creemos ser.
Ahi es cuando, ante la falta de atención, nos paramos sobre una pila de libros. Nos sorprendemos si en alguna serie norteamericana nombran Buenos Aires o si en una película francesa nombran, de pasada, a Maradona. Cuando hablan de Perón en un episodio de Los Simpsons.
Y cuando un turista nos pregunta en un forzado español adonde queda Caminito, con orgullo respondemos radiantes, con el pecho celeste y blanco (que parece ser intermitente), y retomamos nuestro camino directo al cine a ver una en la que Bruce Willis se deshija en tiros y sudor por el honor a rayas y estrellas. Y nos parece mucho más cool que la nueva con Pepe Soriano. Sin embargo, ¿por qué en otros paises no conocen la saga de "Los Bañeros", orgullo de la comedia nacional?.
Ser argentino hoy es tener miedo a que nuestra realidad de asfalto sea demasiado poco, y construimos sobre él nuestra improvisada pila de libros donde posamos con orgullo para la foto, olvidándonos de la risa burlona del fotógrafo extranjero.
En ese monton de libros en el que nos erguimos no hay más que fotos de Rodrigo tomando mate y el micrófono verde de Tinelli. No hay laberintos borgeanos, ni casas tomadas, ni el revolucionario Piasolla, ni espantapájaros repartiendo libros desde una carroza, ni cabildo abierto ni Juanito Laguna. Ni siquiera una frase de Charly. Solo se ve fútbol y baratijas varias. Messi, Tito Roldán y un travesti tirandose cascotazos con Poe, Welles, Brueghel, Dylan y Rivera, aquellos personajes que pertences a paises que sí se animan y pretenden mostrar lo mejor de cada uno, y no se ahogan ni se estancan en un frasco de dulce de leche.

En esa imagen está el argentino. El argentino parado sobre una pila de libros, queriendo ser más de lo que es, no conformándose con el suelo, el suelo que es el lugar que le corresponde, 3.000 páginas más abajo.
Pose canchera, sonríe al resto alegrándose de haber llegado por fin a esa anhelada cima, sin darse cuenta de que todo lo que consiguió es la burla del vecino, que ya notó que esa cima es tramposa y solo existe en la necesidad de llamar la atención que se genera en la mente de aquel hombre.
Creo que el argentino se agrande por haber estado siempre sintiéndose poco. Da la impresión de que estamos olvidados, en esa punta tan lejana y fría que nos tocó del planeta.
Porque nadie habla de Argentina. Nadie conoce el obelisco. Nadie escucha al Flaco. Nadie baila Tango. Nadie lee el Martin Fierro. Nadie conoce a Susana Gimenez. Nadie come empanadas ni toma mate. Allá afuera, no somos. O, tal vez, no creemos ser.
Ahi es cuando, ante la falta de atención, nos paramos sobre una pila de libros. Nos sorprendemos si en alguna serie norteamericana nombran Buenos Aires o si en una película francesa nombran, de pasada, a Maradona. Cuando hablan de Perón en un episodio de Los Simpsons.
Y cuando un turista nos pregunta en un forzado español adonde queda Caminito, con orgullo respondemos radiantes, con el pecho celeste y blanco (que parece ser intermitente), y retomamos nuestro camino directo al cine a ver una en la que Bruce Willis se deshija en tiros y sudor por el honor a rayas y estrellas. Y nos parece mucho más cool que la nueva con Pepe Soriano. Sin embargo, ¿por qué en otros paises no conocen la saga de "Los Bañeros", orgullo de la comedia nacional?.
Ser argentino hoy es tener miedo a que nuestra realidad de asfalto sea demasiado poco, y construimos sobre él nuestra improvisada pila de libros donde posamos con orgullo para la foto, olvidándonos de la risa burlona del fotógrafo extranjero.
En ese monton de libros en el que nos erguimos no hay más que fotos de Rodrigo tomando mate y el micrófono verde de Tinelli. No hay laberintos borgeanos, ni casas tomadas, ni el revolucionario Piasolla, ni espantapájaros repartiendo libros desde una carroza, ni cabildo abierto ni Juanito Laguna. Ni siquiera una frase de Charly. Solo se ve fútbol y baratijas varias. Messi, Tito Roldán y un travesti tirandose cascotazos con Poe, Welles, Brueghel, Dylan y Rivera, aquellos personajes que pertences a paises que sí se animan y pretenden mostrar lo mejor de cada uno, y no se ahogan ni se estancan en un frasco de dulce de leche.
1 comentarios:
Me re pegó, porque en el fondo todos somos un argentino así. Despues te paso un texto de un filósofo español.
Publicar un comentario